Me desperté al día siguiente muy tarde, aunque aún cansada. Había soñado con ir a un concierto de One Direction, que estaba en primera fila y Niall no hacía más que mirarme y sonreirme. Era tan... irreal. Me desperté con lágrimas en los ojos por la emoción. Bajé a desayunar, simplemente me apetecía tomar un vaso de leche, nada más. Llamé a Ángela, mi mejor amiga, y se lo conté todo. Ella se rió, pero enseguida entendió lo que me sucedía. Desgraciadamente, me había enamorado de cinco chicos que ni siquiera sabían que yo existía. Estaba enamorada, como miles de chicas más, de los ojos de Louis, la sensibilidad de Liam, los hoyuelos de Harry, la ternura de Niall y la simpatía de Zayn. Eran mas que mi grupo favorito, eran buenísimas personas a las que merecía la pena conocer. Los adoraba.
Después de hablar un buen rato con Ángela, me conecté al Tuenti. Empecé a hablar con Adriana (que al igual que yo era directioner) y le conté lo que había soñado y, para mi sorpresa, ella había soñado lo mismo días atrás. Lo único que cambiaba es que a ella no le miraba Niall, sino Harry. Adriana adoraba a Harry. Estuve un rato más hablando con ella y finalmente me desconecté. Al poco rato, mi madre me llamó para comer.
Después de comer, me senté un rato a ver la tele y, no lo podía creer, había un documental sobre la vida de los chicos de One Direction. Me senté embobada a escucharlo todo, sin perderme ni el más mínimo detalle. Hablaron sobre sus vidas, el principio de su carrera, su familia... Eran demasiado perfectos, pero todos tenían algo en común. Habían tenido una infancia dura, ya fuese por la separación de sus padres o por enfermedades, como le ocurrió a Liam. Sentí tanta pena al escuchar como contaba su infancia, sus ingresos constantes en el hospital, las 32 inyecciones que le pinchaban todas las mañanas... ¡Pobrecillo! Y lo que más rabia me daba es que mucha gente decía que no habían sufrido nada en la vida... y era mentira. Liam, por ejemplo, había sufrido más que muchos niños. Mientras estaba ensimismada en todos estos pensamientos, mi hermano pequeño me llamó:
-María, María ¡socorro! -exclamó-.
-¿Que te pasa? -dije-.
-María ven, ¡corre! --insistió-.
-Espera, ya voy.
Cuando llegué, mi hermano me había preparado un pequeño pastel que decía "Feliz cumpleaños María". Yo me emocioné, pero al mismo tiempo comencé a reir, porque mi cumpleaños no era hoy, era dentro de dos días. Él se disculpó, pero yo le dije que no pasaba nada, que me había gustado mucho. Después, él me dijo:
-María, papá y mamá te han preparado una sorpresa que te va a encantar en tu cumple -dijo-.
-¡¿Qué es?!
-Es un secreto, lo siento, no te lo puedo decir-respondió-.
-¡Anda ya, para eso no haberme comentad nada del regalo!
-Lo siento María... -dijo disculpándose-.
-Está bien, por esta vez te perdono, pero no lo vuelvas a hacer nunca más.
Después de esta pequeña dicusión con mi hermano, fui a la cocina a cenar algo, porque ya era tarde y, después, me dirigí a la cama. Mi hermano me había dejado confundida, muy confundida y bastante pensativa, estaba nerviosa porque quería saber ya lo que me tenían preparado mis padres, ¡no podía esperar más! Mientras pensaba todo esto, el sueño se apoderó de mí y me quedé dormida.
Después de comer, me senté un rato a ver la tele y, no lo podía creer, había un documental sobre la vida de los chicos de One Direction. Me senté embobada a escucharlo todo, sin perderme ni el más mínimo detalle. Hablaron sobre sus vidas, el principio de su carrera, su familia... Eran demasiado perfectos, pero todos tenían algo en común. Habían tenido una infancia dura, ya fuese por la separación de sus padres o por enfermedades, como le ocurrió a Liam. Sentí tanta pena al escuchar como contaba su infancia, sus ingresos constantes en el hospital, las 32 inyecciones que le pinchaban todas las mañanas... ¡Pobrecillo! Y lo que más rabia me daba es que mucha gente decía que no habían sufrido nada en la vida... y era mentira. Liam, por ejemplo, había sufrido más que muchos niños. Mientras estaba ensimismada en todos estos pensamientos, mi hermano pequeño me llamó:
-María, María ¡socorro! -exclamó-.
-¿Que te pasa? -dije-.
-María ven, ¡corre! --insistió-.
-Espera, ya voy.
Cuando llegué, mi hermano me había preparado un pequeño pastel que decía "Feliz cumpleaños María". Yo me emocioné, pero al mismo tiempo comencé a reir, porque mi cumpleaños no era hoy, era dentro de dos días. Él se disculpó, pero yo le dije que no pasaba nada, que me había gustado mucho. Después, él me dijo:
-María, papá y mamá te han preparado una sorpresa que te va a encantar en tu cumple -dijo-.
-¡¿Qué es?!
-Es un secreto, lo siento, no te lo puedo decir-respondió-.
-¡Anda ya, para eso no haberme comentad nada del regalo!
-Lo siento María... -dijo disculpándose-.
-Está bien, por esta vez te perdono, pero no lo vuelvas a hacer nunca más.
Después de esta pequeña dicusión con mi hermano, fui a la cocina a cenar algo, porque ya era tarde y, después, me dirigí a la cama. Mi hermano me había dejado confundida, muy confundida y bastante pensativa, estaba nerviosa porque quería saber ya lo que me tenían preparado mis padres, ¡no podía esperar más! Mientras pensaba todo esto, el sueño se apoderó de mí y me quedé dormida.







